Acompañamiento posnatal
Debemos de insistir con firmeza en el hecho de que el acompañamiento de la relación afectiva entre el niño y sus padres no se interrumpe en el instante del nacimiento.
Un acompañamiento prenatal debe absolutamente ser continuado después de este acontecimiento, hasta la marcha adquirida. No hacerlo constituye una privación para el niño, y corre el peligro de provocar dificultades relacionales debidas al desarrollo particular de los niños bien acompañados.
(Bebé de menos de 7 días mostrando su verticalidad.
Las manos abiertas son síntoma de su seguridad de base)
El niño bien acompañado en el período prenatal tiene unas expectativas y le es muy difícil vivir una ruptura del modo de relación afectiva que conoció en el regazo de la madre. Está muy al acecho de las relaciones y de los diálogos. En el momento en el que debe hacer un esfuerzo de adaptación enorme a un mundo donde todo es nuevo para él, la ausencia de acompañamiento posnatal podría inducir a una frustración potencialmente perjudicial para él.
Ya que la manera de portar a un niño tiene valor de lenguaje implícito. Podemos darle seguridad y por ende un sentimiento de autonomía incluso, en los instantes posteriores al nacimiento, cuando, recién nacido, descubre la dependencia. A la inversa, podemos dar la inseguridad y fabricar la dependencia. Si se porta a un bebé como un paquete, se comporta como un paquete y se vive como un paquete.
Es por esto que la última sesión prenatal se hace con muñecos: esto ayuda a los padres a sensibilizarse con la manera haptonómica de portar a un niño.
Para la madre
Tras el parto, enseguida se le propone una sesión específica.
En efecto, hasta después de un parto que discurrió bien, la mujer debe reencontrar a la vez: un sentimiento de seguridad* en su base* (contenido de la pelvis), un sentimiento de completitud *y su seguridad interna* frente a una situación totalmente nueva (cada nacimiento es singular y cada niño es diferente).
Puede así reencontrar más rápido su «ser mujer» en un período en el que el acento es a menudo, demasiado, puesto sobre "el ser madre", lo que puede ser una trampa para ella y para su pareja. Esta sesión es una gran ayuda para las mujeres que se enfrentan con la depresión postparto....
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Tal acompañamiento de la madre puede también ser preventivo de una depresión posnatal. El contacto thymotáctil restaura la base de la madre y el dialogo que lo acompaña permite evocar todas las facetas de lo que vivió durante y después de su parto. La restaura en su "ser mujer", y no solamente en el "ser madre".
En el medio hospitalario, las matronas formadas en haptonomía proponen esta sesión en el momento del puerperio inmediato. Es sobre todo muy importante después de una cesárea o un parto medicalizado.
Esta sesión se hace en general en presencia del padre y en presencia del niño y se acaba la mayoría de las veces poniendo al niño sobre el regazo maternal. Pero ciertas mujeres desean hacerla a solas, lo que debe ser propuesto y respetado. Hay que repetirla a veces, sola o con el niño y el padre. El haptoterapeuta está a la escucha de las necesidades de la madre, del niño y del padre y en este momento tan particular y tan intenso de su vida, se adapta a la situación.
Para el niño
La forma en que se porta a un niño es una forma de significarle muchas cosas, el porte es un lenguaje y el niño es extremadamente sensible a la coherencia entre lo que se significa con los gestos y lo que es dicho con las palabras.
Además, la haptonomía acuerda una grandísima importancia a la verticalidad*. O, mejor dicho, al sentimiento de la verticalidad, dado incluso a un niño acostado, cuando se le hace sentir la dinámica que va de su sacro (su base*) a su cabeza. La experimentación de este eje es esencial para su desarrollo. Mediante el sostén de base* – porte segurizante – el niño toma consciencia de su corporalidad y desarrolla un estado de seguridad de base en este mundo en el que muchas cosas nuevas y sensaciones fuertes llegan en ráfagas. El sentimiento de continuidad, el hecho de reencontrar las referencias de antes del nacimiento, son una gran ayuda para una el niño que entra en un mundo en el que las necesidades vienen a medir un tiempo, que, antes del nacimiento, se desarrollaba en continuidad acompañada por acontecimientos procedentes del exterior un poco lejanos…
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Nacer es perder autonomía y descubrir la dependencia cara a cara con los adultos. Alrededor de los cuidados, se traban momentos de reencuentro afectivo que el niño necesita tanto como la leche o la higiene. La construcción de la identidad es una cuestión de palabras y gestos mezclados, y de seguridad afectiva. Los primeros días de vida y las primeras semanas son esenciales para el enraizamiento de la identidad. Lo que se vive en este momento tiene efectos a muy largo plazo sobre la personalidad.
La forma haptonómica de acoger al niño desde el nacimiento, tiene por finalidad darle, en cada etapa de su desarrollo y en función de las circunstancias, un sentimiento de seguridad* que le aporte el sentimiento de su autonomía, que él refuerza. Incluso si ésta es todavía relativa, el sentimiento que tiene es esencial. Así, la seguridad de base* adquirida durante la vida prenatal continua desarrollándose, ella constituirá más tarde el fundamento de la seguridad de sí.
Durante cada reencuentro el haptoterapeuta estará finamente a la escucha de las dificultades de cada miembro de la triada afectiva*, así como de eventuales preocupaciones con los hijos mayores. No todo es fácil para el padre, la madre, la pareja que son y el niño en estos primeros meses de la vida aérea que les conturban y modifican todas las relaciones. Sobre todo en el caso de un primer bebé.
Durante el primer año, un niño evoluciona enormemente, por ello la forma de portarlo y de ocuparse de él debe adaptarse a su desarrollo.
Desarrollo de las sesiones
Las sesiones se hacen en momentos esenciales:
- Nacimiento y postparto inmediato, para ayudar a cada uno a ocupar su sitio y favorecer la lactancia si la madre lo desea.
- Al mes o mes y medio, si se precisa, para dar confianza a los padres.
- Entre los 3 meses y medio y 4 meses porque, a la salida de un primer ciclo de desarrollo del niño, su cerebro se modifica mucho. Durante este período, el niño se abre al mundo, y sus necesidades evolucionan. Hay que adaptarse y adaptarse también al cambio de modo de vida si la madre retoma su trabajo.
- 9 meses, primer aniversario, pero puede hacerse antes. 12 meses es el aniversario en el calendario de los mayores. Pero en el calendario íntimo del niño, los nueve primeros meses están llenos de aniversarios encadenados, de acontecimientos buenos o malos que han marcado su vida prenatal. Las fechas en las que ha habido dificultades pueden resonar y conviene entonces ayudar a los padres y a los niños en esos momentos.
- La última sesión de acompañamiento se sitúa uno o dos meses tras la adquisición de la marcha autónoma, cuando el propio niño extiende su espacio por sí mismo. Es un acontecimiento considerable para él y por consecuencia para los adultos que lo rodean. Los bebés bien acompañados son lactantes muy fáciles de vivir, sonrientes, confiados, lloran muy poco (si lo hacen, hay que volver al acompañante). Pero, cuando comienzan a caminar, su alegría de vida, su confianza en ellos y en los otros, su energía y dinamismo pueden llevarles a tomar demasiado poder sobre unos padres todavía fascinados por el bebé que han conocido tras el parto. Los niños bien acompañados deben ser contenidos con una firmeza alumbrada por la afectividad. Durante esta sesión, se confirman las observaciones hechas tras el parto y se trata de comprender las facetas de su personalidad resultante de esta nueva situación.
El niño va a entrar poco apoco en una fase de oposición, sana y necesaria, pero, una gran seguridad interior puede hacerle demasiado dominante, autoritario, lo que puede desestabilizar a los padres. Se les ayuda a observar al niño, sus reacciones y las suyas, con la finalidad de guiarlos en esta nueva fase en la que la educación es esencial. Se trata de contener firmemente al niño a la vez que se le respeta, sin rivalidad entre los padres, sin dejarse desbordar por la afirmación de sí, poderosa en un pequeño que está en total seguridad…
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Ciertos niños atraviesan este período sin ningún problema. Pero hay que preparar a los padres para estos cambios importantes, ayudarles a comprender lo que está en juego y a darles un marco orientativo. Una buena confrontación, si es respetuosa de la persona del niño es una confirmación afectiva. Se “encuadra” mejor a un niño si comprendemos su personalidad y si no nos dejamos arrastrar a un cara a cara de igual a igual. Cuanto más inteligente sea un niño y esté bien en su piel, más, en este período tendrá tendencia a buscar una igualdad con sus padres. Durante esta última sesión, se hace descubrir al niño y a sus padres la importancia de ser iguales en los valores absolutos, sin situarse en relaciones de simetría. ¡Los padres deber seguir siendo los padres!.
N.B. Algunos haptoterapeutas no desean hacer el trabajo del postnatal hasta esta sesión. Hay que hablarlo con los padres desde el inicio del acompañamiento y buscar con ellos la persona que tomará el relevo.
En la práctica
Cuatro reencuentros postnatales (o más) son deseables.
Aquí también, cada encuentro se adapta al estadio de desarrollo del niño:
- la primera se hará, siempre que sea posible, en las dos primeras semanas tras el parto.
- la segunda entre los 3 meses y medio y 4 meses,
- la tercera alrededor del verdadero aniversario del nacimiento desde el punto de vista del niño (aniversario de su tiempo de vida en el regazo materno, ósea a los 8 ó 9 meses), sobre todo si el nacimiento fue difícil. El aniversario de los 12 meses corresponde al punto de vista de los padres que han integrado el calendario.
- la cuarta sesión, en el momento en el que el niño está bien instalado en la marcha.
Estas sesiones son indispensables pues los niños bien acompañados son fáciles y agradables de vivir, pero muy autónomos. Cuando deben atravesar el período normal de oposición y de búsqueda de los límites, lo hacen con una gran confianza en ellos y en sus padres, así deben ser guiados y contenidos con afección pero también con firmeza.
No obstante, a demanda de los padres, si el más mínimo problema sobreviene en la familia, se pueden añadir tantas sesiones como se precise. En efecto, la experiencia de los niños bien acompañados y la vivencia del trabajo durante el embarazo y de los primeros meses, le permitirán aportar una luminosidad muy útil. Y no es raro que sean los niños los que hacia los 3, 4 o 6 años, o en la adolescencia, pidan volver a ver a la persona que les acompañó en el inicio de sus vidas, y del que guardan recuerdo.
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