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TRASPLANTE RENAL

Tenía mucho miedo a la cirugía que implicaba un trasplante renal, al que tendría que someterme tarde o temprano.
Por un lado lo deseaba, ya que mi cuerpo no aguantaba más y las sesiones de diálisis renal eran cada día más pesada, pero por otro, temía la llamada del centro de trasplantes diciéndome que había uno disponible para mí. Además la lucha con mis padres era constante, pues no comprendían mis temores. Ellos me propusieron que contactara con un médico que trabajara con haptonomía.

Las sesiones fueron duras y muy confrontantes, ya que el médico me enfrentaba a la realidad futura con crudeza, pero con mucho amor. Al cabo de unas seis sesiones, me sentí más fuerte, más segura, con más autonomía decía el doctor. Seguía teniendo miedo, pero podía enfrentarme a él de un forma positiva. Además él dijo que cuando llegara el trasplante le avisase, para estar cerca de mí en esos momentos y darme apoyo, lo que me reconfortó enormemente.

Por fin un día llegó la llamada. ¡Había un riñón apto para mí!. El momento deseado/temido había llegado, pero ya no tenía pánico, ese pánico que me paralizaba.
Tras hacerme las últimas pruebas entré al quirófano con serenidad y confianza, mi médico me acompañó hasta la puerta.
Todo fue muy bien y los días en la UVI pasaron rápido, pero desgraciadamente a los pocos días el riñón se estropeó, algún problema con una arteria y me lo tuvieron que quitar. Todo mi esfuerzo para nada, en menos de dos semanas había pasado dos veces por el quirófano y lo había soportado. Recuerdo que mis médicos de riñón, que sabían de mis miedos, me dijeron que nunca habían visto una paciente que afrontase estas circunstancias con tanta serenidad, y más conociéndome. Que había hecho un cambio de 180 grados.

Pronto llegó un nuevo riñón y esta vez todo fue bien, han pasado varios años y estoy trabajando con normalidad, llevo mi casa con normalidad y las pesadas sesiones de diálisis han quedado atrás. Mi vida ha cambiado, vuelvo a ser la misma.

La evolución posterior fue muy buena. Incluso me comienzo a plantear la posibilidad de ser madre.

Quiero agradecer a la haptonomía la posibilidad que me ha dado de cambiar y ser más fuerte frente a las adversidades de la vida. A superar mis miedos y a poder entrar en el quirófano con paz y tranquilidad.


EIH, 2013

 

COMENTARIO

 

Esta chica nos describe su temor, pánico al quirófano ante un trasplante renal. La idea de la anestesia general y de no despertar tras ella. Rechazaba la idea de la intervención, lo que angustiaba a sus padres, ya que temian que el día que la llamasen cuando hubiera un riñon adecuado ella se negase al implante.

El trabajo fué duro y racionalmente no había ninguna posibilidad, por ello se inició un trabajo mediante tres sesiones de descubrimiento de la haptonomía, como siempre hacemos en la terapia. Tras estas tres primeras sesiones se inician las sesiones de exploración o de terapia.

Fueron sesiones muy duras y confrontantes, pero a medida que ella adquirió su sentimiento de completitud y autonomía pudo enfrentarse a la realidad que un día llegaría. El desarrollo de la tolerancia de carga adquirido permitió un cambio en su actitud, seguía teniendo miedo pero era un miedo razonable, que ya no la paralizaba y le permitió afrontar la primera intervención con serenidad e ilusión, así lo testifican los urólogos que la atendieron "un cambio de 180 grados".

A pesar de la mala suerte de que se complicara el primer trasplante, por una disección de la arteria renal, que provocó una importante hemorragia entre las capas de la arteria, se pudo enfrentar al segundo trasplante.

En estos casos es importante destacar que el acompañamiento haptonómico influye positivamente en la aceptación del nuevo órgano, mediante un refuerzo del sistema inmunitario.

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